El deseo de tu cuerpo me azotaba. Exactamente azotar, como los vientos, exactamente luz de tu vestido, luminarias llamándome en el esternón. Tormenta del deseo que no habría de aplacarse ni aún si volviera yo a erguir tu cuerpo desde dentro, ni aún si volviera a poseerte -¿cuántas veces más?-. Hacía frío, comerciaban con su aliento los colgados, ofrecían chocolate, me rozaban, pero ninguno pudo distraerme. Con qué dulzura bárbara el cuerpo vedado se allegaba a mí, fibra interior, losa extendida bajo mi pie desnudo, nube sobre mi cabeza, todo mi ser envuelto, pálida luz, te deseo, Brezo. Bruja, te deseo, mujer delgada, mujer niña de miembros pérfidos, te deseo rítmicamente, sin pausa, sin que a una hora o un día olvide que ese tu cuerpo inmisericorde cruza calles, sube en ascensores, se acomoda o se tiende sin llamarme, oscuro y música quisiera oír tu cuerpo golpeando en mi deseo, mi deseo girando por tu cuerpo, sombra y llama, ¿no lo notas? ¿No afluye a ti la misma acometida que en mitad de la calle me da el alto y en la noche irrumpe, montaña de placer no hollada, estremecimiento como flor, como pétalo abocado a morir entre el pulgar y el índice de tu mano?
(Belén Gopegui, La escala de los mapas)
(Belén Gopegui, La escala de los mapas)
He dejado que hable el corazón,
deslizándose por mi cuerpo
como una culebra,
y como quiero tus manos
posadas en mí,
bailando y reptando...
y qué miedo me da
cuando no eres sin rostro
cuando eres ojos líquidos
y me encuentro ideándote
sin saber quién eres
y a la vez yo sé todo
lo que tengo que saber de ti:
tienes cáscara como las mandarinas
y yo quiero rascar y abrirte,
llegando a tus gajos
a los gajos de tu alma
porque tienes un alma preciosa
y por eso casi no me importan tus ojos,
digo casi porque cuando no pienso en ti
pienso en esos dos
que son dos ojos-río
y fluyen con tu sonrisa
y entre toda esa liquidez
entre tus gajos hay
un tesoro, o eso creo
a lo mejor me lo invento
como invento a sin rostro
cuando me tumbo en la cama
y eso que a ratos
no quiero rostro ni ojos
no me siento acompañada...
pero a lo que iba,
que no me quiero perder:
siempre nos decimos todo
y a la vez estamos en silencio
que yo adoro el silencio
pero necesito un pacto,
y es que nos quedaremos callados
cuando al lado estemos sentados
pero en fin, que me pregunto
que por qué te cuento esto,
o porque habla mi corazón,
pero por favor no te retrases.
no te retrases más
baila por mi cuerpo
sin ser dos en uno
quiero dos en dos
yo no te daré alas que ya tienes
tú no me enseñarás a volar
porque sabes que sé
pero si puedo estar tranquila,
¿por qué no tranquila contigo,
tú que me gustas porque sí?


No hay comentarios:
Publicar un comentario