This is a word we use to plug holes with. It's the right size for those warm blanks in speech, for those red heart- shaped vacancies on the page that look nothing like real hearts. Add lace and you can sell it. We insert it also in the one empty space on the printed form that comes with no instructions. There are whole magazines with not much in them but the word love, you can rub it all over your body and you can cook with it too. How do we know it isn't what goes on at the cool debaucheries of slugs under damp pieces of cardboard? As for the weed- seedlings nosing their tough snouts up among the lettuces, they shout it. Love! Love! sing the soldiers, raising their glittering knives in salute.
Then there's the two of us. This word is far too short for us, it has only four letters, too sparse to fill those deep bare vacuums between the stars that press on us with their deafness. It's not love we don't wish to fall into, but that fear. this word is not enough but it will have to do. It's a single vowel in this metallic silence, a mouth that says O again and again in wonder and pain, a breath, a finger grip on a cliffside. You can hold on or let go (Margaret Atwood)
veintiún años y mil razones para seguir, lo típico que se dice a esta edad pero quiero añadir, no obstante que este horizonte de largo parece un abismo un abismo precioso, un delicioso cataclismo y a veces no quiero nada si no es contigo tú miras por mis ojos y llegas al ombligo jugando a ser, seducir, sonreír, reír, sentir, yo con esto no termino y te invito a todo y a nada, porque no doy palos de ciego cuando hablo de ti
"Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa." (Gabriel García Márquez)
Cada vez que te conviertes, a bote pronto, en un vil dictador de sentimientos, se me desgarra algo en el pecho que quema, y maquillo mis penas con soberbia para no mostrar a nadie que me duele, que me arde el cuerpo cuando decides vetar sentimientos, palabras y viceversa ojos líquidos: yo te entiendo y no y cuando tus pestañas brillan y aletean saliendo de ellas mariposas, los días son largos pero deliciosos y en el Retiro se atusan las rosas pero cuando decides ser escombros y vigas oxidadas... me dueles, me dueles en lo más hondo y sí, fluido como eres tú se me escapan tus ojos y sigo sin saber hacer sumas y estoy a contrarreloj, y tú pareces estar en la Luna... qué quebradero y dolor de cabeza, me apetece tumbarme y leer, o no hacer nada, pero ser
Yo no supe dónde estaba, pero, cuando allí me vi, sin saber dónde me estaba, grandes cosas entendí; no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia trascendiendo (San Juan de la Cruz)
ayer, día cansado, clónico presencié un momento estelar sentada ya en el tren: tren en dirección Móstoles de Leganés a Atocha: quince minutos y vi cómo un redondo conguito de níveo e impoluto chocolate blanco se paseaba de un lado a otro del vagón como en una especie de metaviaje similar al de la Luna y el Sol cuando persiguen los coches en marcha y metaviaje o psicoviaje es o podrían ser los cambios del campo, porque si el tren va rápido es una enorme mancha verde que a ratos va mutando a blanco y a todo esto yo me vi inmersa en lo que llamo metaviaje al ir pensando en la vida del paisaje ah! tú tampoco te salvas que sé que has proyectado mis andanzas, paranoias y teatros en tu proyector, cine de verano
y estoy sacando los patines para salir a pensar...
quizá no piense alguno que soy el segundo plato
pero hablan las palabras y no los actos
(y yo no dudo que me quieras, pero, por favor
haz algo que me libre de este dolor)
y yo me libro de esta condena que no es eterna
porque lo que te iba diciendo, léeme bien:
para mí siempre voy primero
cojo mis cosas, camino, no me rindo
y siempre me quiero después de las lágrimas
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, —la princesa está pálida, la princesa está triste—, más brillante que el alba, más hermoso que abril!
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor».