Caminar de un lado a otro, deambular, pernoctar, no está tan mal, no es condenable, no es inmoral. Hay gente que lo considera un sinsentido, innecesario, incluso peligroso. No siempre es así, por suerte. Si caminas de un lado a otro, si caminas en línea recta, y no en círculos, avanzas. De hecho, siempre se llega a algún lado andando, aunque no quieras ir a ninguna parte. No es malo, es conocerse a uno mismo. En el camino siempre te cansas por momentos, y paras a descansar; no todo es locura, no todo viene de golpe. Si no, no tendría sentido andar. Caminando piensas mucho y casi siempre en lo mismo, aunque a veces corras, y corras tanto que lo olvides, y por un momento flotes, y te pierdas en una nube estática de humo blanco. No hay que temer, todos los caminos llevan a Roma. No se puede tener miedo a perderse, retroceder es más fácil de lo que parece. Y de esa manera, también se pueden descubrir caminos desconocidos, abrir extrañas puertas. Si caminas, al fin encontrarás tu parada de metro, tu banco del parque, sucio y oscuro, y pequeños lugares que has ido perdiendo. Solo se trata de dar los pasos adecuados y de seguir las flechas más grandes. viernes, 7 de junio de 2013
Metáfora a zancadas
Caminar de un lado a otro, deambular, pernoctar, no está tan mal, no es condenable, no es inmoral. Hay gente que lo considera un sinsentido, innecesario, incluso peligroso. No siempre es así, por suerte. Si caminas de un lado a otro, si caminas en línea recta, y no en círculos, avanzas. De hecho, siempre se llega a algún lado andando, aunque no quieras ir a ninguna parte. No es malo, es conocerse a uno mismo. En el camino siempre te cansas por momentos, y paras a descansar; no todo es locura, no todo viene de golpe. Si no, no tendría sentido andar. Caminando piensas mucho y casi siempre en lo mismo, aunque a veces corras, y corras tanto que lo olvides, y por un momento flotes, y te pierdas en una nube estática de humo blanco. No hay que temer, todos los caminos llevan a Roma. No se puede tener miedo a perderse, retroceder es más fácil de lo que parece. Y de esa manera, también se pueden descubrir caminos desconocidos, abrir extrañas puertas. Si caminas, al fin encontrarás tu parada de metro, tu banco del parque, sucio y oscuro, y pequeños lugares que has ido perdiendo. Solo se trata de dar los pasos adecuados y de seguir las flechas más grandes.
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