La vida está hecha de colores y esto es así; son el condimento para el ojo, casi se huelen, tocan y oyen. Por ejemplo: al ser un bebé, al conocer el mundo, todo fue blanco, sin motas, todo nuevo, de un blanco brillante y cegador, cegador como quien sale de la caverna de Platón y descubre el nuevo mundo. Tan blanco como cualquier recuerdo de aquella época; infelizmente olvidamos esa tranquilidad que tan solo consistía en vivir pensando en la nada. En la vida somos muchos colores, porque en ese blanco se contenían todos.
Te lo explicaré. Has pasado todas las gamas de azules en tu vida, siempre sientes una especie de añil al estar enfermo, al sentir fiebre y sudor frío, se te resbala el añil por los ojos, por la frente. No es el mismo azul que el que sientes tras un gran día, tras un gran momento: ese azul turquesa que te llena los pulmones y se te aparece en los ojos al mirar al cielo... Has sentido rojo en cada momento de furia, junto con el amarillo verdoso de la bilis subiendo y bajando en tu cuerpo sin parar, mezclado con el rosa en el rostro desde el primer momento de tu vergüenza, anaranjado cada verano, tostado de playa. Y después del rojo siempre viene el marrón de la mano de tus problemas, empujando un día gris a tus espaldas, de repente llega el violeta y es señal de un arco iris, "mejores tiempos vendrán". Todas las escalas de verdes han pasado por tus venas, verde en la primera vez, en un comienzo, verde cuando aparecen personas que te hacen sentir casi verde esmeralda, o un poquito verde hoja, y sientes que vuelves a empezar, que eres una pera a punto de caer de un árbol... Hay tantos colores, tantas mezclas... Si te falta un color, te falta vida. Incluso el negro más profundo es señal de un secreto difícil de comprender, no pienses que es un color poco expresivo. Los colores tienen mucho poder en tu vida: conoce tus colores y te conocerás a ti mismo.

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