- El día que dejé de ser tan amiga del espejo me comí una galleta con chocolate, y un poquito de helado. Después empecé a correr, empecé a andar, aunque me dolían las piernas. En realidad el espejo y yo siempre hemos estado mal atados y nunca hemos sido amigos. Él acostumbra a decirme que las curvas son como los donuts rellenos de crema, chocolate o mermelada: que acaban empachando. Yo ya no le hago tanto caso, porque los días serenos sé que algo-alguien tan plano y tan cuadriculado está muchas veces equivocado. Y porque quien habita el espejo es siempre un reflejo.
- Las obsesiones dejan exactamente el mismo sentimiento angustioso que experimenta una persona cuando le duele el estómago al ingerir algo tan suculento que no puede parar de comerlo.
- La esperanza es lo último que se pierde, pero si la pierdes es equivalente a que se te caiga una moneda por la alcantarilla.
- Aunque la falta de sueño te pese en los ojos, y pienses que te eterniza cualquier tipo de espera, has de recordar que el tiempo es tan caprichoso, tan travieso y célere, que pasará corriendo en el momento en que pestañees.- Los pájaros pían, hacen gorgoritos y cantan incluso en los días de mal tiempo. No sé si estarán alguna vez de mal humor, pero podríamos aprender de ellos.
- Lo mejor de los castillos antiguos se encuentra en lo alto de una torre, alta y angosta. Sus escaleras tienen escalones torcidos, y hay que pisarlos con el pie fuerte y la suela del zapato limpia. Como en la vida.
- Por las noches, cualquier propósito racional es INCONGRUENTE, y esa misma palabra suena a pescado congelado. Por cierto, lo único imposible que se puede prometer es la Luna.
- ... Y yo siempre os recuerdo que Nietzsche no sabía lo que era el amor y por eso, Dios ha muerto.
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