domingo, 28 de junio de 2015

otra victoria aparente

“Me tumbaba en la cama, que volvía a ser la mía. Redescubría el mayor lujo de este planeta; una habitación propia. Un lugar en el que uno goza de una paz real. Flaubert necesitaba una habitación en la que declamar a gritos, yo o podía vivir sin un lugar donde soñar, una habitación en la que no hubiera nada ni nadie, ningún obstáculo que dificultara el vagabundeo infinito de la mente, en la que el único decorado era la ventana: cuando una habitación tiene una ventana, significa que uno tiene su parte de cielo. ¿Para qué pedir más?.”
(Amélie Nothomb)


hubo un tiempo, no hace mucho que pasó
en el que tenía los cordones con un nudo entre ellos
esto es: mis zapatos no podían andar (y yo tampoco)
y ese nudo, maldito nudo duro, se me pasó a la garganta
no podía comer, ni respirar, ni agua ni té podía yo beber
y se apagaba oscura la luz de mis entrañas...
desesperada, angustiada y hambrienta, sirena varada,
sin saber qué hacer, impedida y ultrajada
cogí unas tijeras y en vez de cortarme la cara,
hacerme el harakiri o hacer origami,
me corté el cordón de los zapatos,
ojiplática eché a correr, gritando al viento
hay que ver, que ni por destino ni por tiempo
conseguí yo volar... lo hice por mí


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