Y si yo te toco, tú eres lo que eres;
y si no te toco,
tú, tranquila, duermes.
Tú, conmigo, todo;
tú, sin mi, perdida;
tú, mujer conmigo,
nada si no nombro.
Y si yo te toco,
palmera que crece,
sonrisas abiertas
que, meciendo, envuelven.
Y si no te toco,
dulzura que pesa,
caes en tu silencio
densamente lenta.
(Gabriel Celaya)

Te me apareces en esos momentos
que son solo míos y para mí:
cuando me como una manzana,
o unas galletas en el metro;
cuando leo, escribo o duermo
-digamos mis funciones vitales-
y hoy me daba un baño de espuma
y entre el agua morada
y la suavidad del aceite
he sentido tu mano tibia
como un panecillo en la mía
lejos de ser la mano de la muerte
ay que si yo supiese, ojos líquidos,
que toda mi fantasía es realidad
¿con qué soñaría yo?
¡con caballitos de mar!
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