Póngame tres cuartos de racionalidad
que se me mete Dalí en el cuerpo

y no lo puedo soportar
¡ah!, y cuando pueda me mira
a cuánto tiene la cordura
que me viene bien, sobre todo
para hacer pucheros de tranquilidad
escuche, qué buenas salieron
esas palabras de complicidad
que si lo llego a saber para entonces
me pones más, medio kilo de esa
porque su sabor es casi igual
que cuando compro fresas o mandarinas
y hay que ver, que se me hace tarde
y tengo que ir a buscar los sentidos
que rigen la cuerda floja de mis delirios
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