En
la celda angosta, mientras esperaba, se levantó hacia el lavabo y abrió el
grifo del agua fría, luego el del agua caliente. Vio fluir el agua, y recordó
cuántas veces le habían dicho ‹‹Vive tranquilo, que todo fluye››. En la jaula
solo podían fluir sus ideas, susurrando que quizá nunca fuese demasiado tarde
para correr como el agua, para volver a ser líquido. Fluir y descubrir el amor
por vivir.
Fluir
es sentir con el cuerpo.
PD: Qué pena es tener el cerebro
dado la vuelta.
“No hay sala de fiestas en el mundo entero que se pueda soportar mucho tiempo a no ser que pueda uno emborracharse o que vaya con una mujer que le vuelva loco de verdad” ('El guardían entre el centeno', J.D. Salinger)
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