"... porque había una especie de comunión y, cuando hacíamos el
amor, parecía que cada duro hueso mío se correspondía con un blando hueco de
ella, que cada impulso mío se hallaba matemáticamente con su eco receptor. Tal
para cual". (Mario
Benedetti, 'La tregua')
Hablo de la rutina de que el tiempo
pase, de que nos besaríamos haciendo la comida, de que podría despertarme en
medio de la noche y así, tu espalda sorprendería a mis ojos. Rutina de paseos,
rutina de comer silencios y de comer en silencios. Tú comprenderías mi calma,
yo comprendería la tuya. Rutina de no parar de hablar y perder todos los
trenes. Hablo de ese tipo de sueños tan mágicos por ser idealizados, que se
reducirían simplemente a acabar leyendo tumbados en las tardes de julio. Pero
en esas tardes levantaría la cabeza, te vería en otro planeta y sentiría una
tranquilidad llana, un "duermo tranquila hoy". Hablo de la rutina de
decir que ser feliz es una prueba de equilibrio y, bueno que, no sé, que tú te has
comido al vértigo.
Zuretzat
ilargia lapurtuko nuke gauero...

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